
El caos se desata en la ciudad cuando el descarrilamiento del tren, inicialmente un desastre mecánico, se convierte en el preludio de una tragedia aún mayor. El descarrilamiento, que en un principio parecía un evento aislado, se transforma en el catalizador de una serie de eventos catastróficos. La sorpresa llega cuando el verdadero horror emerge: un ataque biológico con gas mortal.
El caos se desata en la ciudad cuando el descarrilamiento del tren, inicialmente un desastre mecánico, se convierte en el preludio de una tragedia aún mayor. El descarrilamiento, que en un principio parecía un evento aislado, se transforma en el catalizador de una serie de eventos catastróficos. La sorpresa llega cuando el verdadero horror emerge: un ataque biológico con gas mortal.
El gas, dispersado por la ciudad a través de la infraestructura del tren y otros puntos estratégicos, empieza a llenar el aire. En cuestión de minutos, los ciudadanos, que ya se encontraban en estado de shock por el accidente, se ven envueltos en una nube invisible pero letal. El gas provoca una muerte rápida y dolorosa, sus efectos se manifiestan en la forma de síntomas agudos como dificultad respiratoria, convulsiones y desorientación extrema. La rápida propagación del gas deja poco tiempo para que las autoridades o los ciudadanos tomen medidas efectivas de protección.